Aikidojo Zaragoza

Jerónimo Moreno Saura

jeronimo (1)

Jerónimo Moreno Saura

Cinturón Negro 4ºDan

Técnico Deportivo 1er nivel

Soy de Murcia, pero motivos laborales me condujeron a esta maravillosa ciudad que es Zaragoza. Llevo la friolera, sin ironía, de 20 años en esta tierra.

Por motivos de trabajo y con otros compañeros, comencé la práctica del aikido  por el año 98, y desde entonces continuo con ella, habiendo sufrido algunas discontinuidades, bien por trabajo o familiar.

Es cierto que en mi edad juvenil había practicado Karate, dos o tres años, pero hasta que me desplacé a Zaragoza no participé en ninguna actividad relacionada con las artes marciales.

Las artes marciales eran una cosa que siempre me habían atraído, pero cuando empecé la práctica del Aikido, sentí una sensación muy agradable y al mismo tiempo percibía en el dojo una armonía y un compañerismo excepcional. Además, esas sensaciones se trasladaban a la vida cotidiana del día a día.

Cuando  llega alguna persona al dojo para empezar a practicar, me acuerdo de mis primeros pasos y me veo reflejado en ella: iba muy perdido en el desarrollo de la clase, pero con muchas ganas de aprender y que las cosas me salieran bien. Una ayuda muy importante fue la ayuda de los practicantes más avanzados y los ánimos continuos del maestro.

Al principio la práctica del Aikido fue algo laboral, pero con el tiempo pasó a algo necesario, por el ambiente, la armonía, las sensaciones, vivencias y amistades, ……..

Creo que he reflejado en las palabras que llevo dichas hasta el momento la aportación del Aikido para mi vida.

A las las personas que comienzan a practicar este arte marcial, les daría las recomendaciones que a mí me dieron: “tranquilo, esto no se aprende en un día, diviértete, conoce a los practicantes que tienes a tu lado, interioriza lo máximo posible pero sin agobiarte, todos empezamos así en su día. Es importante descubrir por ti mismo el bien que te aportan estas clases y lo que eres capaz de hacer con tu cuerpo.”

Un factor decisivo para continuar en la práctica del Aikido  fue, aparte de las buenas amistades contraídas en estos años de práctica, de bienestar y de tranquilidad que alcancé en las clases, tener un profesor que me hizo partícipe de sus experiencias, que quiere que compartas tus propias experiencias con él, que te pide tu apoyo sin necesitarlo y que te involucres en esta gran familia del Aikido. Esto ha sido muy importante para mí.

Gracias, Arturo.