Aikidojo Zaragoza

Entrevista a Arturo Navarro

Entrevista a Arturo Navarro

Entrevista a Arturo Navarro

Buenos días, maestro. ¿Cómo se siente alguien con cuatro décadas de Aikido entre “pecho y espalda”?

Me siento feliz, FELIZ con mayúsculas.

Han sido cuarenta años de Aikido  más que gratificantes, llenos de vida y de grandes sueños, me han enseñado mucho y debo de decir que se lo debo todo a mis alumnos y compañeros de práctica, sin ellos esto no hubiese sido lo mismo.

Me han hecho feliz los alumnos que empezaron conmigo hace 32 años, los que ahora están, y sobre todo a los que desde entonces en el año 1985 todavía comparten conmigo tan buenos momentos sobre el tatami con una gran lealtad y amistad.

Los 40 años de práctica dan para mucho y solo pido tener fuerzas para poder estar otros 40 sobre el tatami para seguir siendo y haciendo feliz  a los demás practicándolo, porque solo es posible alcanzar un sueño cuando se tiene la voluntad necesaria para ello. No bastan el entusiasmo, la pasión, el deseo; también son necesarias la fuerza y la concentración.

¿Te acuerdas aún de tus primeras clases? ¿Quién fue tu primer profesor?

Todo empezó en el año 1977 cuando por casualidad vi un programa de televisión  donde todos los sábados se hacían pequeñas exhibiciones de Aikido, me encantó tanto que rápidamente me eche a la calle para buscar un gimnasio donde practicarlo y tuve la suerte de encontrar un grupo que comenzaba en el gimnasio Judokwai de Zaragoza.

La mayoría del grupo eran judokas y desde entonces ahora solo quedamos tres practicando.

La práctica la dirigía Santos Nalda y entrenábamos los sábados tarde y domingos de mañana. Como anécdota  curiosa entonces las clases eran gratuitas…

Siempre estaré agradecido al maestro Santos porque él supo desde el comienzo inyectarme esta gran dosis de Aikido que hasta la fecha me dura.

Primeras clases con Santos Nalda.

¿Qué ha pasado con el tiempo? ¿Cómo fue tu propia evolución después? 

En estos años ha habido de todo, momentos buenos y menos buenos.

Tomar decisiones  de cambiar el rumbo de mi práctica, no fue fácil,  buscaba entender el Aikido desde una conexión que para mí  era fundamental y es la unión del trabajo de manos vacías con el trabajo de armas, lo que llamamos RIAI.

Andaba muy perdido, eran 25 años de trabajo con Tamura sensei y él mismo me abrió los ojos hacia donde me debía de  dirigir. Era preciso rehacer el camino, dejar atrás el equipaje innecesario, quedarme solo con lo imprescindible para poder evolucionar. Tamura sensei me había dado conocimientos, había adquirido experiencia y mi actitud era positiva, era el momento.

Para entonces sobre el año 2002 conocí el  Aikido de  Iwama de la mano del maestro  Daniel Toutain  y trabajando mano a mano con otros maestros  internacionales de Takemusu  llegué  a conocer a Lewis Bernaldo de Quiros con el que mantengo mi práctica y aprendizaje en la actualidad.

A día de hoy sigo creyendo que la evolución del Aikido tiene que ir un paso más allá, donde no solamente existe  la técnica marcial, que hay que conservar, sino el Aikido como una escuela de vida, una escuela de formar buenas  personas, de respetar a los demás y trasmitir grandes valores humanos que cada día en esta sociedad se están perdiendo.

Igual que la vida evoluciona el Aikido debe de evolucionar y debemos de ser capaces de modificar nuestra conducta y nuestra práctica  día a día, sin prejuicios y sin juzgar.

Con Tamura sensei

 

Con Daniel Toutain.

¿Ha cambiado el  Aikido en estos 40 años?

Técnicamente no tiene nada que ver como practicábamos entonces y como lo hacemos ahora, hemos sabido evolucionar en este aspecto, pero sí que es cierto que tenemos que diferenciar dos cosas importantes, la primera es como es nuestro trabajo  técnico personal  y la segunda,  para los que nos ocupamos de enseñar el Aikido, como debemos de hacerlo o si estamos en el buen camino. Nos jugamos mucho.

Siempre he pensado que es más importante la calidad de mis alumnos que la cantidad, por lo que considero necesario que no solo les debo de ofrecer técnica sino un trabajo más personalizado, enfocado en aspectos como la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos y la habilidad para gestionarlos de una manera óptima durante la práctica. Esta  engloba distintas facetas como  autoconciencia, control de emociones, motivación, empatía o el manejo de relaciones personales.

Creo que los profesores  tenemos en el Aikido una escuela perfecta de vida  donde cultivamos en silencio y sin prisa los valores del bushido.

¿Qué enseñas en tus clases día a día?

Siempre me he esforzado en trasmitir en mis clases dos contenidos diferenciados, dos planos diferentes de trabajo, de ver y entender las cosas:

El primero es un conjunto de técnicas, imágenes,  programa,  nociones asequibles al entendimiento ordinario ya que van dirigidas al yo natural.

Y en segundo plano  trato de mostrar un camino más interior, conocerse  a uno  mismo, a no darle demasiada importancia a los títulos o diplomas, a dar, a colaborar, a confiar, a no dejarnos arrastrar por la pasión, a dar importancia a lo sencillo, a saber  tomar las decisiones correctas,  a no lastimarnos al caer, a levantarnos, a armonizarnos con los demás, a empatizar, a escuchar, a entender el dolor y el sufrimiento, a ceder, a respetar, a preocuparnos de los demás, a aceptar lo que toca, a entregarnos, a guardar silencio, a mantenernos quietos en los momentos difíciles y, sobre todo, visualizar la importancia de seguir aprendiendo, hasta el último día.

Para que este segundo plano se pueda comprender, es preciso que aquel que lo recibe tenga “oídos para oír”  y que le permita sentirse afectado y comprometido cada vez más profundamente.

La típica pregunta de una persona que nunca ha hecho Aikido: ¿En qué consiste? ¿Puedes resumirlo en una frase?

Siempre contesto lo mismo: Ven al  dojo, saluda con respeto y humildad y ponte a trabajar, enseguida sabrás que es para ti el Aikido .

En Aikido se habla mucho del Bushido, el código de los valores del Samurai. ¿Cuáles son? ¿Es suficiente aprendérselos o requiere algo más?

Valores como el respeto, la lealtad la benevolencia, el honor, la rectitud, la honestidad y el coraje descritos muy bien en el código del samurái de Taira Shigesuke.

No es necesario aprenderlos. El propio entrenamiento en las clases invita a adecuarse a esa forma de actuar y como dice mi amigo y profesor de Aikido Minchi:

Ese cambio paulatino en el comportamiento no son más que una consecuencia.”

¿Puedes completar esta frase, por favor? La práctica de Aikido forma … 

  … buenas personas con grandes valores técnicos y humanos.

Si te encontraras ahora contigo mismo a la edad de 14 años, ¿qué le dirías al joven Arturo?

Que viva, sonría y respete a los demás, que sea solidario, leal y honesto.

Que luche por sus principios y que viva de acuerdo con ellos.

Que ayude a los demás y que se sienta satisfecho con lo que posee ya que es la mayor y más segura de las riquezas.

Ah, y sobre todo que  practique  Aikido.

¿Tus deseos para el futuro?

Poder leer este articulo dentro de 40 años y cambiar su contenido eso será signo de que he evolucionado.

Si me lo permites termino con esta gran frase:

Existe una gran felicidad en no desear, en no ser algo, en no ir a parte alguna. 

J.KRISHNAMURTI (1895-1986)

Maestro, ¡muchas gracias!

Con Lewis Bernaldo de Quirós.

 

En Iwama.

2 thoughts on “Entrevista a Arturo Navarro

  1. José Antonio Franco

    He sido afortunado y feliz compartiendo gran parte de esta trayectoria de Arturo durante muchos años, gracias maestro.

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