Takemusu Aikidojo Zaragoza.

Cuando se oyen más palabras que el Kiai

Cuando se oyen más palabras que el Kiai

Por Santiago Tomey (2º Dan Aikido)

Alberto Vázquez-Figueroa narra en su novela “Tuareg” cómo el pueblo targuí –tuareg en singular- en su nomadeo por el desierto del Sáhara, cuando una caravana se perdía, seguían a una estrella noche tras noche, siempre la misma, manteniendo una línea recta para evitar andar en círculo hasta la extenuación o la inanición, de esta manera, al final,  llegaban a alguna parte.

No me gusta para nada el “Aikido asambleario” donde todo el mundo opina. Hace muy pocos días un admirado maestro zaragozano, decía en un curso federativo para Yudanshas: En el Aikido no hay democracia. (Otro día me extenderé contándoos mis reflexiones acerca de la jerarquía y la disciplina -amenazo-)

Porqué toda esta introducción os preguntareis: púes porque observándome a mí y a muchos compañeros, creo que hay momentos en que hablamos mucho y trabajamos poco. Y no es que hablemos de todo lo divino y humano, en general hablamos de lo que estamos haciendo pero por demás, y al final la caravana ha caído en el circulo mortal, en el que no se llega a ninguna parte.

Es humano observarse, observar y tratar de transmitir lo observado intercambiando conocimientos y experiencias, pero esto creo que solo sirve cuando se está descubriendo cosas nuevas a un nivel de búsqueda desde una excelencia adquirida (altos grados DAN), no a nivel de aprendizaje y menos cuando el aprendizaje está en la acción de repetir incansablemente, invariablemente e indivisiblemente. Cuando se está aprendiendo como es el caso de la mayoría de nosotros, es imprescindible observar y preguntar, aunque si nuestra observación es atenta y obstinada, al final la pregunta seguramente quedará resuelta sin haberla formulado.

Tendemos a manifestarnos en lo que nos parecen las cosas, e inconscientemente justificarnos de alguna manera en lo que no nos sale, y esto en la clase, en nuestro trabajo personal y en el del compañero, solo aporta parones y retraso en el aprendizaje.

Debemos escuchar a los sempais aunque discrepemos, para bien o para mal, sin entorpecer con demasiados o profusos comentarios, porque es la forma de seguir la estrella hasta alcanzar alguna parte.

A veces cuando también nosotros asumimos el papel de sempai con compañeros de menor grado porque nos han tocado en el trascurso de la clase, o porque el maestro o quien dirige el entrenamiento delega en nosotros, nos extendemos en comentarios largos y aportando muchos conceptos a la vez. Esto causa el mismo efecto de parón en la práctica, pero además ofuscamos al kohai que ya le cuesta entendernos o poner en práctica lo que estamos trabajando, creando una situación en este, de entrar en bucle terminando la clase sin haber practicado ni avanzado nada, y al final, uno no ha podido transmitir lo que debía y el otro no ha podido practicar lo que se le enseñaba.

Es por todo esto que primero he observado en mí, que me manifiesto en el: “más repetir -más trabajar y menos hablar”. Prometo intentarlo pero ya se sabe… el ego, siempre el ego.

 

Deja un comentario